"Tu calma será la paz que tus hijos necesitan."

Isabel Cuesta

¿Qué es una rabieta?

Podemos definir una rabieta como una expresión intensa de enfado o de frustración ante un acontecimiento que resulta adverso. Suelen darse con mayor frecuencia en los primeros años de vida de los/as niños/as, sobre todo entre los dos y los cuatro años. Y su presencia es completamente normal en el desarrollo evolutivo de cualquier ser humano. 

La mayoría de los progenitores consideran que un mal comportamiento significa “no obedecer”. Sin embargo, para aprender es necesario experimentar, descubrir, dudar, tomar decisiones y equivocarse, pudiendo todo ello resultar incompatible con la obediencia en numerosas ocasiones. Todas estas acciones forman parte del desarrollo infantil y pedir a los/as niños/as que hagan lo contrario no sería respetuoso con su naturaleza.

¿Qué podemos hacer entones? Abordar las situaciones conflictivas con acompañamiento y comprensión, así como proporcionarles un ejemplo adecuado (por ejemplo, para enseñar autocontrol primero debemos ser capaces de mostrarlo nosotros/as mismos/as). 


Algunos errores frecuentes

Uno de los grandes errores de padres y madres es tomar como algo personal los “malos comportamientos” de nuestros hijos e hijas, sentir que se trata de algo contra nosotros/as. Sin embargo, lo más probable es que los/as niños/as se hayan desbordado emocionalmente y nos necesiten accesibles y calmados para poder manejar esa explosión de emociones. De manera inconsciente nos están pidiendo ayuda con su comportamiento. 

Otro de los errores que más se produce es emplear el castigo. Esta técnica conductual puede ser eficaz a corto plazo, pero a largo plazo tiene más inconvenientes que ventajas. Además, pone en riesgo la relación de confianza de los/as más pequeños/as con sus figuras de referencia y fomenta la culpa, el miedo, el dolor y en muchas ocasiones la venganza.


¿Cómo actuar cuando se producen las rabietas?

Si es posible intentamos anticipar. Hay situaciones que todos somos conscientes de que son más susceptibles de poder acabar en una rabieta. Mediante la observación podemos conocer cuáles son los motivos que desencadenan con frecuencia las rabietas en nuestros/as hijos/as y en algunas ocasiones será posible evitarlos. 

Sin embargo, prevenir no siempre es posible. Una vez que se haya producido la rabieta lo primero que tenemos que hacer es conectar. Ponernos a su altura y transmitir al niño o a la niña que estamos con ellos/as y entendemos que para ellos/as el motivo de su rabieta es importante. 

Una vez establecida esa conexión, podemos destacar tres pasos a tener en cuenta:

  1. Reconocer la emoción o el sentimiento que creemos que el niño o la niña está experimentando en ese momento. Ayudarles a poner nombre a aquello que están sintiendo. 
  2. Validar dicha emoción o sentimiento. Transmitirles que tienen derecho a sentirse así y que es normal, ya que todas las emociones son legítimas y necesarias.
  3. Centrarnos en soluciones. Ayudarles a buscar diferentes formas de resolver la situación que están viviendo. 

Durante las rabietas también es importante que tengamos en cuenta las siguientes consideraciones:

  • Debemos acompañar a los/as niños/as sin contagiarnos de su estado de ánimo. Es importante mantener la calma y ser ejemplo para ellos/as.
  • Mantener contacto físico siempre que nos lo pidan o lo acepten. Un abrazo es una de las estrategias más potentes para reducir la tensión.
  • Evitar realizar reproches y dar mensajes positivos en primera persona (por ejemplo: “estoy aquí, te quiero y estoy contigo para lo que necesites”…).


Estrategias para gestionar las rabietas

Una vez que la rabieta ya haya pasado, podemos aprovechar momentos de tranquilidad para dialogar con ellos/as y trabajar la empatía, ayudándoles a comprender cómo pueden hacer sentir a otras personas con su conducta y buscando de manera conjunta diferentes alternativas de actuación en situaciones similares. 

Otras herramientas que podemos enseñar a nuestros/as hijos/as son la búsqueda de opciones para la ira (por ejemplo, golpear un cojín), la creación de un rincón de la calma o la puesta en práctica de distintas técnicas de relajación.

Finalmente, hay que destacar que lo que verdaderamente va a ayudar a los progenitores a ser capaces de mantener la calma en momentos de tensión es dedicarnos tiempo para estar bien, es decir, el autocuidado. Si nuestra jarra de la paciencia está llena de amor y cuidado, la respuesta que daremos a nuestros/as hijos/as ante una rabieta será mucho más calmada y respetuosa.


Rocío Sánchez. Equipo Evolutea


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